Proyecto del día
El IDE con IA local en el navegador. Un caso nuevo cada día, contando lo que se puede hacer con IA que vive dentro de tu navegador.
«¿Se puede deshacer?»: Ctrl+Z iba letra a letra, y al arreglarlo se tragó medio formulario
Un constructor de formularios interno, una petición que parecía de veinte minutos y una pila de deshacer que agrupaba por reloj cuando tenía que agrupar por intención.
Leer el caso →El formateador de JSON que redondeaba los IDs sin avisar
Pegabas la respuesta de la API, la veías bonita e indentada… y un pedido de 19 dígitos volvía con los últimos tres cambiados. Nada petaba.
Leer el caso →La previsualización cortaba a 140 caracteres y de la bandera quedó media letra
Truncar un comentario para una tarjeta parecía cosa de media hora. Luego llegaron los emojis, y el único banco de pruebas que servía eran comentarios reales de usuarios.
Leer el caso →El buscador del desplegable encontraba de todo menos lo que buscabas
Un filtro de catálogo que pasó de no encontrar nada a encontrarlo todo. El trabajo de verdad no fue buscar: fue ordenar, y para eso hacían falta las consultas reales de gente que no trabaja en mi empresa.
Leer el caso →La regex pasaba veinte ejemplos y colgaba la pestaña con el ventiuno
Sacar pares clave = valor de un fichero de configuración heredado. Diez líneas de JavaScript, una expresión regular… y un cuelgue que no daba error, solo silencio.
Leer el caso →El validador de IBAN daba por malas cuentas buenas (y el algoritmo estaba bien)
Veinticuatro caracteres, una división entre 97 y un número que JavaScript redondea por detrás. Una utilidad de treinta líneas que solo se arregla con los datos que no puedes enseñar a nadie.
Leer el caso →El bug no estaba en el arrastre: estaba en el índice
Una lista reordenable para el panel interno de un cliente. Arrastrar hacia arriba iba bien; hacia abajo, el elemento caía siempre una posición antes. La culpa era de tres líneas.
Leer el caso →El redactor de logs que solo podías escribir teniendo los logs delante
Un filtro de doscientas líneas para tapar datos personales antes de mandar una traza a soporte. Lo incómodo es que, para probarlo, hacía falta justo aquello que no puedes enseñarle a nadie.
Leer el caso →La ñ, el slug y cuatrocientas URLs que ya no podías tocar
Una función slugify de diez líneas para el CMS interno de una consultora. El bug estaba en la ñ; el trabajo de verdad estaba en todo lo que ya se había publicado.
Leer el caso →La gráfica no se rompía con datos raros: se rompía con datos planos
Un sparkline de cuarenta líneas, una serie sin ninguna venta y un SVG que desaparecía sin avisar. Lo que aportó la IA local no fue el componente: fue la lista de series que lo tumbaban.
Leer el caso →Vencimientos a 60 días: la utilidad de fechas que iba a costar diez minutos
Un módulo de facturación bajo NDA, tres cláusulas de pago y una función de sumar meses que mentía. El caso de hoy se escribió entero en el IDE del navegador, con el modelo corriendo en local.
Leer el caso →Un mini-lenguaje de reglas en una tarde: el parser fue lo fácil, la precedencia no
Escribir un evaluador de condiciones de descuento para un backoffice, con la IA al lado. El bug estaba en la tabla de precedencias, y el prompt llevaba dentro la estrategia de precios del trimestre.
Leer el caso →El parser de CSV que solo sale bien si le enseñas las filas de verdad
Una exportación de facturas del ERP de un cliente, cuatro mil líneas y todos los casos raros a la vez. La diferencia entre un parser de manual y uno que funciona está en pegar el fichero real — y ahí es donde normalmente te frenas.
Leer el caso →